domingo, 7 de agosto de 2016

ABADÍA CISTERCIENSE

Uno de mis grandes proyectos es visitar las abadías medievales belgas. Por ahora sólo he tenido la suerte de conocer ésta que está situada en la comarca de Brabante y que fue fundada en 1146 por los monjes de Clairvaux.







En su época de apogeo, esta abadía contó con más de cien monjes, unos trescientos conversos y casi diez mil hectáreas de tierras de labranza y de bosques.



 Este complejo abacial conoce su primer gran momento en el siglo XIII. Quinientos años después tiene lugar su segunda época de esplendor.


La abadía fue abandonada en 1796, inmediatamente después comenzaron los expolios y los robos del patrimonio que atesoraba.



viernes, 24 de junio de 2016

POBLADO GALEGOS MARVAO

Encontré esta aldea cuando hacía una ruta hacia el castillo de Marvao. Inmediatamente me acordé de otro poblado fronterizo muy similar a éste y en el que he estado varias veces: Caia.





Se trata de un núcleo poblacional disperso, que ocupa casi veinte hectáreas, construido hace unas décadas a los pies de la sierra de Sao Mamede, concretamente en las Penhas da Esparoeira.







Más de cuarenta familias llegaron a vivir aquí, casi todas relacionadas de una u otra forma con la aduana. La entrada de Portugal en la Unión Europea dejó sin razón de ser las fronteras con nuestro país y tanto las viviendas como los edificios aduaneros quedaron abandonados.






Ahora, después de más de dos décadas de abandono, la Cámara Municipal de Marvao ha adquirido este lugar al Ministerio de las Finanzas, por seiscientos mil euros, con el propósito de preservar las viviendas del deterioro.



domingo, 12 de junio de 2016

FORTALEZA DE JUROMENHA

Este lugar recuerda enormemente al cercano Fuerte de Graça. Muy parecidas también fueron las sensaciones de soledad y silencio al pasear por las ruinas de la que fue una de las mayores fortalezas de nuestro país vecino.







No queda mucho de la antigua fortificación islámica. Casi todo lo que puede verse en la actualidad fue edificado a partir de 1242, después de la conquista cristiana. Sucesivas reformas y ampliaciones del conjunto fueron conformando la grandiosa fortaleza que aún podemos contemplar.






Durante la Guerra de la Restauración, que acabó con la independencia de Portugal, ocupada por los españoles desde los tiempos de Felipe II, las construcciones militares cercanas a la frontera luso-española jugaron un papel decisivo en la victoria portuguesa. Por ello podemos decir que quizás fue la época de mayor esplendor de Juromenha.






La grandiosidad de este conjunto de edificaciones sólo puede entenderse en toda su dimensión al pasear por las ruinas del recinto, donde se mezclan los restos de calles y viviendas con barbacanas, fosos, pasadizos, varias iglesias y capillas, aljibes, cuadras, mazmorras y un extenso número de edificaciones, de las que se hace difícil precisar su cometido.



No parecen estar claros los motivos por los que los habitantes del interior del castillo se trasladaron extramuros del mismo a principios del siglo pasado, pero es seguro que ello conllevó el total abandono de la fortaleza y que significó el principio del deterioro. 
El hecho de que, hace ya algunos años, este conjunto arquitectónico fuera declarado Inmueble de Interés Público no parece ser garantía de su conservación y cuidado.




Además del antiguo ayuntamiento, los baluartes y una de las iglesias, lo mejor conservado es sin duda la Torre del Homenaje, visible desde la orilla española. Desde su terraza, a casi cincuenta metros de altura, se obtienen incomparables vistas del río Guadiana y del cercano embalse de Alqueva.